Salimos de la habitación aún poniéndonos la ropa. Él sonríe y yo... Yo me siento la basura más grande, ¿cómo he podido hacer eso? ¡Dios mío! Odio a Alex por hacerme esto. Sí, eso es, fue todo culpa suya. Es un cabrón, ¿por qué me hace esto? Pasa de mí y me provoca, está con otra y pretende que me comporte como una amiga otra vez. Estoy harta.
Salgo al jardín de la mano de Daniel y lo primero que veo es a Alejandro besamdo a su noviecita en la hamaca. O sea, es mi cumpleaños. ¿No tiene respeto por eso? —Irina, estás exagerando — No — Relajate —¡Que no! Por fin la Irina coherente calla a la psicópata.
Daniel chasquea los dedos delante de mi cara. Sin darme cuenta me he quedado embobada mirándoles y Dani que no es tonto, lo ha notado.
— Irina, ¿qué te pasa? Desde que acabamos estás como ida.
Le miro y finjo la mejor de mis sonrisas. Me acerco despacio y le doy un pico
—Estoy bien, mi amor, lo de antes fue genial.— Rozo despacio nuestras narices sin dejar de sonreír.
—Fuiste increíble tú también.— Me besa.
Alex se acerca en ese momento, puedo verle por el rabillo del ojo. Se acerca con una sonrisa idiota y Dani y yo le miramos. Belén, su supuesta novia me sonríe. Alex nos presenta y se va con Dani a hablar a solas a un lado del jardín. Paula y las chicas nos cogen a Belén y a mí y nos llevan a las toallas y me llenan de regalos. Sonrío a medias y miro de reojo que ninguno de esos dos no se acercan ni a mí ni al grupo. Sé que Alex está enfadado, cuando está enfadado con alguien tensa la mandíbula, abre las fosas nasales y a Daniel se lo notamos todos. No quiero que se peleen...
—Venga Iri, abre este.— Paula me da una caja grande de regalo con un lazo, lo abro y está lleno de confeti. Meto la mano y empiezo a reírme, meto las dos manos y las saco con fuerza y justo al confeti salen volando un puñado de condones. No paramos de reírnos. Sigo mirando los regalos. Todos son perfectos, los chicos me dan cosas para la bici, incluso unos guantes negros con rosa muy bonitos. Y las chicas, las chicas son idiotas. Me han dado cosas preciosas más unas esposas y una fusta... Ya quiero ver la cara de mis padres.
Hablamos y nos reímos, pero noto como todos están atentos a Alex y Daniel. ¿Qué coño pasa? Rato después empiezo a oir como Daniel sube la voz, Alex también, éste le empuja, el otro levanta los brazos a modo de amenazas. Me levanto corriendo e intento hacer que Dani no se acerque más a Alex mientras éste se intenta soltar.
—¿¡Qué coño te pasa Alejandro!?
—¡Aléjate de ese subnormal Irina! ¡No te merece!
—Y tú sí ¿no? Gilipollas. Que yo sepa aquí el único que le hizo daño fuiste tú— Replica Daniel
Alex se intenta soltar pero a Claudio se une Ricky y le sujetan mejor.
—Vamonos, Daniel.—Le cójo la mano con fuerza— Os veo esta noche, chicas. Lo siento.
Salgo con Daniel de la mano. Enfadada, enfadadísima. Cuando ya nadie puede vernos le solté, nos acercamos al coche y subo de mala gana. Él no dice nada, yo tampoco... La tensión se podía cortar con un cuchillo.
—No fue culpa mía.— Por fin se digna a hablar
—Me importa una mierda que fuese tuya o suya. El caso es que me jodisteis el cumpleaños entre los dos.
—Aín es pronto, puedo recompensarte.
—Mejor llévame a mi casa, te llamo luego.
—Vale...—Suspira y me lleva sin protestar.
Me quedo dentro del coche un minuto pensando en como desèdirme. Al final me decido solo por decir...
—Ciao.
Intento bajarme, me coge la mano, hace que me caiga sobre el asiento y me roba un beso. Instintivamente sonrió.
—No te despidas nunca sin besarme, puedo morirme.
Me lanza su sonrisa perfecta y esos hoyuelos hacen su aparición. No puedo evitar sonreír y me voy.
Subo, sé perfectamente que quiero hacer. Mis padres están en el sofá viendo noticias.
—¿Cómo llegamos tan pronto?—Pregunta mi madre
—Nos aburrimos, ahora vamos al monte.
La mujer que me dio la vida revolea los ojos.
—En serio, me preocupa ese deporte. No hagas locuras.
—Deja a la niña, que le va a pasar, si es un deporte muy completo.
— ¡Gracias, Papá!
Me voy a mi habitación, me quito la ropa y me meto un segundo a la ducha para quitarme el cloro. Seco el pelo de cualquier manera con el secado, me hago una coleta alta, me meto de nuevo a la habitación y me pongo el equipo de descenso. Esto es lo único bueno para mí, mi deporte. Miro a tappy mi viejo casco y... Bueno el que me dio Alejandro. Dudando mucho de mi decisión; cójo el nuevo.
Salgo de casa y subo al trastero a por mi niña bonita. Le paso un trapo para quitarle el polvo, engraso la cadena, hago una prueba, dos... va bien. Bajo las escaleras con ella, ahora si que me da igual todo. En la calle me subo a la bici, me hago una trenza y me pongo el casco para subir. La gente no lo entiende pero esto me da la vida. Al llegar respiro hondo, me pongo las gafas y bajo los caminos que tanto nos costó hacer, una, dos, tres veces... Subo a otro diferente y cuando llego hay alguien. Reconozco la bici. Alex. Intento irme pero me ve.
—¡Irina! Espera.— Corre hasta estar detrás de mí.
Me giro enfadada, le miro mal y me cruzo de brazos mientras dejo que la bici se apoye en mi cadera.
—Lo siento, sé que...
—¿Qué haces aquí a esta hora?—Le interumpo.
Sonríe con insolencia y yo me derrito por dentro ¡Dios! esa sonrisa tan jodidamente perfecta.
—Sabía que vendrías, cuando no quieres pensar o estás enfadada vienes aquí.
—¿Crees que conoces absolutamente todo de mí?
Vuelve a sonreír.
—Lo conozco todo, todo de ti.— Mientras me toca con el pulgar la mandíbula.
Escondo todo lo posible mis ganas por comermelo a besos y le aparto la mano de mala gana.
—¡Pues no! No conoces todo de mí y ahora vete a a mierda un poquito.
Intento irme y me coge la mano y me gira.
—Eres taaaaan terca. Escucha y cállate.
Al escuchar semejante orden le miro con rabia y al intentar hablar me pone una mano en la boca, lo que me enfada mucho más y a él parece hacerle gracia. Capullo...
—No quería joderte el cumple con los chicos, pero de verdad, Daniel es lo peor para ti.
—¿¡Dime de una puta vez por qué!?
—No te quiere, cuando nos peleamos y te fuiste a Los Angeles me puse a hablar con Roberto. Me contó cosas horribles sobre ese capullo y que nos vieron entrar al edificio y se apostaron que él conseguiría llevarte a la cama, no eres más que un objeto para él, ¡una mera diversión! ¡Entiendelo!
Se me humedecen los ojos, me arden las mejillas, el corazón presiona, tengo un nudo en la garganta y lo único que hago es darle un bofetón con todas mis fuerzas en la mejilla izquierda y rompo a llorar en su pecho, sollozo y hundo más la cara en su pecho. Él me abraza despacio pero firme.
—¿Por qué no me avisaste?— Le reclamo sin dejar de llorar.
—Princesa... Nunca me dejas.— Hace que le mire y nos sentamos en una roca.
—¡Te odio tanto a ti como a él! ¿Tú sabes lo que me duele todo esto?
—Sí, lo sé.— No me suelta.
Mi teléfono suena, lo saco sin ganas y veo nuestra foto. Él y yo en Santa Mónica, ¿cómo puedo hacer eso? ¡Me siento estúpida! Me levanto y me alejo un poco de Alex y cojo el teléfono...
—¿Qué quieres?—Le digo de mala gana
—¿Qué hice ahora?
—Que ya me he enterado de todo, ¡eres un hijo de puta!
—¿¡Qué coño te pasa!?—Le noto enfadado
Intento que no se me escape algún sollozo y note que me afecta.
—¡PÚDRETE!
Cuelgo.
Salgo al jardín de la mano de Daniel y lo primero que veo es a Alejandro besamdo a su noviecita en la hamaca. O sea, es mi cumpleaños. ¿No tiene respeto por eso? —Irina, estás exagerando — No — Relajate —¡Que no! Por fin la Irina coherente calla a la psicópata.
Daniel chasquea los dedos delante de mi cara. Sin darme cuenta me he quedado embobada mirándoles y Dani que no es tonto, lo ha notado.
— Irina, ¿qué te pasa? Desde que acabamos estás como ida.
Le miro y finjo la mejor de mis sonrisas. Me acerco despacio y le doy un pico
—Estoy bien, mi amor, lo de antes fue genial.— Rozo despacio nuestras narices sin dejar de sonreír.
—Fuiste increíble tú también.— Me besa.
Alex se acerca en ese momento, puedo verle por el rabillo del ojo. Se acerca con una sonrisa idiota y Dani y yo le miramos. Belén, su supuesta novia me sonríe. Alex nos presenta y se va con Dani a hablar a solas a un lado del jardín. Paula y las chicas nos cogen a Belén y a mí y nos llevan a las toallas y me llenan de regalos. Sonrío a medias y miro de reojo que ninguno de esos dos no se acercan ni a mí ni al grupo. Sé que Alex está enfadado, cuando está enfadado con alguien tensa la mandíbula, abre las fosas nasales y a Daniel se lo notamos todos. No quiero que se peleen...
—Venga Iri, abre este.— Paula me da una caja grande de regalo con un lazo, lo abro y está lleno de confeti. Meto la mano y empiezo a reírme, meto las dos manos y las saco con fuerza y justo al confeti salen volando un puñado de condones. No paramos de reírnos. Sigo mirando los regalos. Todos son perfectos, los chicos me dan cosas para la bici, incluso unos guantes negros con rosa muy bonitos. Y las chicas, las chicas son idiotas. Me han dado cosas preciosas más unas esposas y una fusta... Ya quiero ver la cara de mis padres.
Hablamos y nos reímos, pero noto como todos están atentos a Alex y Daniel. ¿Qué coño pasa? Rato después empiezo a oir como Daniel sube la voz, Alex también, éste le empuja, el otro levanta los brazos a modo de amenazas. Me levanto corriendo e intento hacer que Dani no se acerque más a Alex mientras éste se intenta soltar.
—¿¡Qué coño te pasa Alejandro!?
—¡Aléjate de ese subnormal Irina! ¡No te merece!
—Y tú sí ¿no? Gilipollas. Que yo sepa aquí el único que le hizo daño fuiste tú— Replica Daniel
Alex se intenta soltar pero a Claudio se une Ricky y le sujetan mejor.
—Vamonos, Daniel.—Le cójo la mano con fuerza— Os veo esta noche, chicas. Lo siento.
Salgo con Daniel de la mano. Enfadada, enfadadísima. Cuando ya nadie puede vernos le solté, nos acercamos al coche y subo de mala gana. Él no dice nada, yo tampoco... La tensión se podía cortar con un cuchillo.
—No fue culpa mía.— Por fin se digna a hablar
—Me importa una mierda que fuese tuya o suya. El caso es que me jodisteis el cumpleaños entre los dos.
—Aín es pronto, puedo recompensarte.
—Mejor llévame a mi casa, te llamo luego.
—Vale...—Suspira y me lleva sin protestar.
Me quedo dentro del coche un minuto pensando en como desèdirme. Al final me decido solo por decir...
—Ciao.
Intento bajarme, me coge la mano, hace que me caiga sobre el asiento y me roba un beso. Instintivamente sonrió.
—No te despidas nunca sin besarme, puedo morirme.
Me lanza su sonrisa perfecta y esos hoyuelos hacen su aparición. No puedo evitar sonreír y me voy.
Subo, sé perfectamente que quiero hacer. Mis padres están en el sofá viendo noticias.
—¿Cómo llegamos tan pronto?—Pregunta mi madre
—Nos aburrimos, ahora vamos al monte.
La mujer que me dio la vida revolea los ojos.
—En serio, me preocupa ese deporte. No hagas locuras.
—Deja a la niña, que le va a pasar, si es un deporte muy completo.
— ¡Gracias, Papá!
Me voy a mi habitación, me quito la ropa y me meto un segundo a la ducha para quitarme el cloro. Seco el pelo de cualquier manera con el secado, me hago una coleta alta, me meto de nuevo a la habitación y me pongo el equipo de descenso. Esto es lo único bueno para mí, mi deporte. Miro a tappy mi viejo casco y... Bueno el que me dio Alejandro. Dudando mucho de mi decisión; cójo el nuevo.
Salgo de casa y subo al trastero a por mi niña bonita. Le paso un trapo para quitarle el polvo, engraso la cadena, hago una prueba, dos... va bien. Bajo las escaleras con ella, ahora si que me da igual todo. En la calle me subo a la bici, me hago una trenza y me pongo el casco para subir. La gente no lo entiende pero esto me da la vida. Al llegar respiro hondo, me pongo las gafas y bajo los caminos que tanto nos costó hacer, una, dos, tres veces... Subo a otro diferente y cuando llego hay alguien. Reconozco la bici. Alex. Intento irme pero me ve.
—¡Irina! Espera.— Corre hasta estar detrás de mí.
Me giro enfadada, le miro mal y me cruzo de brazos mientras dejo que la bici se apoye en mi cadera.
—Lo siento, sé que...
—¿Qué haces aquí a esta hora?—Le interumpo.
Sonríe con insolencia y yo me derrito por dentro ¡Dios! esa sonrisa tan jodidamente perfecta.
—Sabía que vendrías, cuando no quieres pensar o estás enfadada vienes aquí.
—¿Crees que conoces absolutamente todo de mí?
Vuelve a sonreír.
—Lo conozco todo, todo de ti.— Mientras me toca con el pulgar la mandíbula.
Escondo todo lo posible mis ganas por comermelo a besos y le aparto la mano de mala gana.
—¡Pues no! No conoces todo de mí y ahora vete a a mierda un poquito.
Intento irme y me coge la mano y me gira.
—Eres taaaaan terca. Escucha y cállate.
Al escuchar semejante orden le miro con rabia y al intentar hablar me pone una mano en la boca, lo que me enfada mucho más y a él parece hacerle gracia. Capullo...
—No quería joderte el cumple con los chicos, pero de verdad, Daniel es lo peor para ti.
—¿¡Dime de una puta vez por qué!?
—No te quiere, cuando nos peleamos y te fuiste a Los Angeles me puse a hablar con Roberto. Me contó cosas horribles sobre ese capullo y que nos vieron entrar al edificio y se apostaron que él conseguiría llevarte a la cama, no eres más que un objeto para él, ¡una mera diversión! ¡Entiendelo!
Se me humedecen los ojos, me arden las mejillas, el corazón presiona, tengo un nudo en la garganta y lo único que hago es darle un bofetón con todas mis fuerzas en la mejilla izquierda y rompo a llorar en su pecho, sollozo y hundo más la cara en su pecho. Él me abraza despacio pero firme.
—¿Por qué no me avisaste?— Le reclamo sin dejar de llorar.
—Princesa... Nunca me dejas.— Hace que le mire y nos sentamos en una roca.
—¡Te odio tanto a ti como a él! ¿Tú sabes lo que me duele todo esto?
—Sí, lo sé.— No me suelta.
Mi teléfono suena, lo saco sin ganas y veo nuestra foto. Él y yo en Santa Mónica, ¿cómo puedo hacer eso? ¡Me siento estúpida! Me levanto y me alejo un poco de Alex y cojo el teléfono...
—¿Qué quieres?—Le digo de mala gana
—¿Qué hice ahora?
—Que ya me he enterado de todo, ¡eres un hijo de puta!
—¿¡Qué coño te pasa!?—Le noto enfadado
Intento que no se me escape algún sollozo y note que me afecta.
—¡PÚDRETE!
Cuelgo.





